Gerson Gómez

Jun 24, 2019

Selectiva


La naturaleza ha sido complaciente. Nos ha permitido desarrollar nuestras habilidades. Nos ha dejado adaptarnos y sobrevivir. En un entorno difícil y hasta salvaje, ofreció varios oasis para saciar la sed.

Uno de ellos, lo ojos de Santa Lucia. Los otros, el río Santa Catarina y el río La Silla. Incluso el ojo de agua del Topo Chico.

Las mayores tragedias de los tenaces regiomontanos, desde el siglo anterior, están en el lecho  del Santa Catarina. Lo han intentado domar, poner en cause, restarle poder y hasta guiarlo en ciego.

En el más reciente de los huracanes, quedó al descubierto la fragilidad de la vida humana y la inútil memoria de quienes se empecinan en construir a lo largo del Santa Catarina.

Incluso en las cañadas de Chipinque, donde se ha desmontado y construido por encima de lo permitido por el decreto nacional.

Al sacar las manos del Santa Catarina, en todo lo largo de su cauce, la naturaleza ha permitido reintegrar la vida. Varios de los ecosistemas renacieron.

Aves migratorias retornaron para descanso y diversa flora ha aminorado la rapaz contaminación, de partículas suspendidas en el ambiente.

Monterrey es cuna de prevalencia de enfermedades cancerígenas a nivel nacional. El temible sufrimiento por cáncer de vías respiratorias en abstemios al tabaco es una muestra fehaciente del daño.

Desmontar el Santa Catarina es eutanasia para los regiomontanos.  Por encima de políticos mezquinos, quienes buscan sacar tajada millonaria con los márgenes del río, de la mano de los constructores.

 

 

Last modified on Domingo, 23 Junio 2019 22:19